Retratos y Paisajes

Y hablando de Marcel Duchamp, últimamente he estado coqueteando con el arte retinal: hacer cosas simples, lindas y tontas, libres de cualquier bagaje conceptual. También con hacer cosas reales, tangibles, piezas museables. Ergo, esta serie de acuarelitas intitulada Retratos y Paisajes (porque todas funcionan igual cuando se muestran en Portrait que en Landscape). Estas canciones de amor a nuestro amor tropical por el colorinche —pero hechas por un arquitecto castrado por la regla T— son ejercicios improvisados y a mano alzada que, dependiendo del estado anímico del artista ese día, están plagados de pequeñas imperfecciones. Porque perfecto solo Dios. Miden 6” x 4”.

Como todo proceso terapéutico, este proyecto ha sido una serie de breakthroughs que revelan problemas adicionales sobre los que trabajar, y así ad infinitum. Superadas la vergüenza de no saber dibujar y el estrés de producir piezas enmarcables, le tocó el turno a la galopante compulsión por el coleccionismo que me impulsaba a catalogarlas y archivarlas a la espera que la Fundación Guggenheim me las comprara. De ahí el ejercicio presente de regalarlas a los cuatro vientos, para dominar mis instintos de padre sobreprotector. Y ahí deben estar, alegremente adornando paredes y refrigeradoras en diversas latitudes y longitudes. Claro que para no perder la cuenta, cada pieza adopta el nombre de su nuevo custodio.